Son verdaderos “riscos“ estos edificios de cinco plantas del Eixample. Y respondiendo a la máxima de Ildefonso Cerdá, “ruralizar lo urbano”, los balcones recojen dignos y bellos veroles floridos. Comparten estos balcones nuestros endemismos canarios con toda otra pléyade de crasuláceas, algunas americanas, otras africanas… Todas ellas practican un metabolismo peculiar (C-4 y CAM) lo que las hace cerrar sus estomas durante el día, evitando así perder valiosas moléculas de agua en la evapotranspiración.
Tenemos árboles de jade, Crassulas y Portulacarias, que también explotan en flor tras las lluvias.
O Echeverias, Sedum y Graptopetalum americanos, vínculos de unión entre esta tierra catalana con sus antiguos territorios de explotación colonial.
La huella catalana, al igual que la canaria, se hace sentir desde el Caribe a Sudamérica y, a la inversa, estos floridos ejemplares recuerdan en esta parte de la península, las numerosas relaciones comerciales y culturales que entre ambas se desarrollaron. Por eso, con un poco de nostalgia de migrante, busco en los balcones del Eixample (mis nuevos y análogos “riscos canarios”) a esas flores que echo de menos.





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