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sábado, 10 de diciembre de 2011

148. Olor a papeles viejos.

En estos días que estoy de nuevo rebuscando en la historia, visitando Archivos Históricos y Diocesanos, por saber el origen de un árbol, he vuelto a recordar ese olor a papeles viejos.
Hace ya casi 30 años – ¡¡ Curso 1979-80¡¡- uno de aquellos domingos en que bajaba para la capital con uno de mis tíos, paramos en una de las antiguas haciendas del municipio, para cargar fruta (cajas y cajas de manzanas francesas) para el mercado.

sábado, 23 de julio de 2011

134. Dactylis glomerata L., POACEAE.

¡¡21 litros ¡¡
La garujilla del verano, ese chipichipi alisio que tanto molesta – y del que ya hablé con el inicie de este blog en su día- ha cubierto de miles de gotas el paisaje, ha tumbado millos, ha obligado a “ponerse el saco” para salir y ha enchumbado la flora de las medianías.

viernes, 20 de agosto de 2010

92. El milagroso potaje canario de Olguita.


Siempre estaban allí después del “parte” en la radio de las dos de la tarde.
A pesar de trabajar en la tienda desde tempranito, a la hora del almuerzo, después de la pregunta previa y nerviosa de ¿que hago hoy de comer? siempre había preparado un delicioso manjar para toda la familia.
Y era en el potaje canario donde más destacaba la parte más sabrosa de la biodiversidad hortícola y ganadera de Doramas.
Allí, frente a ti se encontraban berros, papas, calabaza,calabacinos, zanahoria, piña, batata, ñame a veces, en una presentación digna del mejor de los bodegones.
Y para acompañar, aquellos trozos de queso duro de las medianías de Fontanales -que a veces se curaban en los cañizos del sótano- y que aún hoy me siguen sabiendo a una especie de turrón con ese sabor tan especial.
¡¡ Asi se entiende la pasión que tenían los pájaros chirreros, las “jusneras” y las pechugitas por entrar hasta los cañizos y picotear ese manjar¡
Otras veces “el conduto” era el gofio amasao, aquel que siempre antes de amasar recibía la bendición en forma de cruz, recuerdo de mi padre de cuando abuela Pancha preparaba en un gran lebrillo, comida para sus 11 hijos allá atrás en La Jurada.
Hoy en día, al igual que en nuestra infancia y adolescencia, Olguita sigue preparando aquel delicioso manjar familiar nacido y criado en las benditas tierras del paisaje de Doramas.

jueves, 5 de agosto de 2010

89. Reforestando Doramas.

Bajo el peral de casa crecen gilbarberas y laureles. Nacen al amparo de la pequeña tierra del jardín y algunos sobreviven pese a las continuas talas que a veces realiza Cirilo.
Sus semillas siempre llegan de nuevo transportadas por los encantadores pájaros reforestadores de la laurisilva de Doramas.

Olguita sin saberlo premia a estos inquietos mirlos y a las saltarinas pechugitas con pequeños trozos de delicioso queso de las medianías de Fontanales.
A la vez que el jardín de casa también las laderas y andenes de Doramas son reforestados por la avifauna.


Más información sobre dispersión de semillas.

domingo, 7 de febrero de 2010

41.LAS CABRAS DEL ABUELO.


El nieto la observa, entre sorprendido e inquisidor.
El abuelo la vigila:
¡Al loro, cabra, que es mi nieto!.
Son las cabras del abuelo.
Siempre hubo una o dos. A veces tres.
Han estado allí toda la vida. Son el entretenimiento, la supervivencia, la conversación, la leche con nata, el suero, el tabefe, los baifos, el zurrón...
Alrededor de ellas se organizan los días, las horas del abuelo, sus salidas ( “me voy a segar un puño tregolina pa las cabras.”), las tardes de la abuela, ( “¿Ordeñaste?. Me voy a hacer el queso”.)
También, a su alrededor, se organiza el ciclo de los cultivos, acompasando el estiércol acumulado con la llegada de las estaciones, esparciéndolo sobre la cadena, abonándola..
Y, después de visitar al “macho", si hay suerte, vienen los baifos..
Aquellos que sobreviven, los menos, y los otros, aquellos de los que sólo queda la pezuña amarrada a una rama del naranjero y del que siempre, el abuelo abusa contigo y tu cultura ñanga de ciudad, y sonriente e irónico, te pasa el cuchillo para que vayas tú a “prepararlo”...
Cabras, como éstas del abuelo, personalizadas, únicas y exclusivas, familiares, viajaron desde las medianías a las azoteas de Schamman o a las zafras del Sur, alimentando los primeros pasos extraños en otra tierra de muchos forzados emigrantes insulares.
Aún retengo la vivida imagen, de uno de esos telediarios cuando la guerra de Los Balcanes, de una viejecita, pequeña, flaca, con el pañuelo negro anudado en la cabeza, huyendo por aquellas veredas llenas de gente, escapando de las masacres bosnias o serbias ( ¿qué más da? ) llevando, abrazada, apretada contra su pecho, a su cabra, como única tabla de salvación frente a la maldita barbarie de los hombres.

(Fuente: Archivo Fotográfico Familiar de Leticia Rodriguez Delgado)

40. LA CADENA CHICA.


Es una tierra generosa.
Ese trozo de tierra de delante de la casa de mis abuelos paternos en La Jurada, la cadena o “caena chica”, ayudó a mantener a mi padre, Cirilo y sus 11 hermanos, a sus padres, a sus abuelos, al tío Simón,
Al ritmo de las estaciones acogió papas, millos, lagumes, y en sus bordes se estiran al ritmo de los tiempos las ciruelas, los naranjos y las manzanas blancas.
Higueras y nispereros hunden sus raíces en el trastón y sirven de cobijo a mirlos y jusneras, a chaos chaos y pechuguitas.
Hubo que luchar contra las lagartas, las malas hierbas, los vientos y las malas lluvias que tiran trastones, bichan los plantíos y desbaratan surcos.
Pero Cirilo sigue allí.
Con el sacho en la mano y la “hoce” al hombro, dejando “asiadita” la tierra que le vio crecer, que le ayudo a sobrevivir, que le enseño a vivir, identificado plenamente con la ecología de su lugar, con la autoecología de su tribu, con las enseñanzas de sus mayores...
Se me antoja que este lugar sin la presencia humana ya no sería el mismo, que ella misma, la cadena chica, echará en falta algún día la mano de mi padre, que ahora a sus 76 largos años, aún la acaricia y la peina, la mima y la hace productiva, y le ayuda a traspasar su alma de terrón al alma de humano, levantándola del suelo y elevándola al cielo de Doramas.

24. DRAGOS FÓSILES EN AZUAJE


Después de visitar el risco de Los Garañones, en Firgas, este sábado bajamos al barranco de Azuaje a inventariar otra pequeña población de Pleiomeris canariensis.
Están por arriba del pozo que existe en el barranco, sobre los cantiles que caen desde la finca de Matos, en una zona de sombra.
Ya de regreso, sobre las 7, casi anocheciendo, vi aquel enorme fragmento de piedra carbonatada, entre matorrales de incienso y tajinastes.
En su cara superior destacaba una impresión de hoja petrificada.
Llamé la atención de Águedo que se había adelantado.
Nos maravillábamos de aquélla hermosa hoja petrificada, claramente asimilable a las del sauce canario (Salíx canariensis) y seguimos observando las caras de la piedra, todas ellas recubiertas de impresiones de hojas.
La emoción de Aguedo fue aumentando cuando confirmaba un dato que al principio no quería creer.
¡En los laterales de la piedra destacaban hermosas, revolutas, lineales y con su gran base de inserción, hojas de drago.!!!
El hallazgo se confirmaba cada vez que analizaba una nueva forma o fragmento..
¡¡Eran hojas fosilizadas de drago canario, de Dracaena draco!!.
Para Aguedo, era la confirmación que estaba buscando sobre la presencia pretérita de esta especie en Gran Canaria.
Dragos plantados, topónimos, referencias bibliográficas, todo ese abanico de posibilidades estaban siendo trabajadas por él, por Lito y por Manolo González en sus pesquisas sobre el recientemente descrito por ellos Drago de Gran Canaria (Dracaena tamaranae).
Sin embargo, no existen ya en el norte de la isla ejemplares silvestres y este hallazgo confirmaba lo que antes eran tan sólo hipótesis.
Ya, de noche, en el bar de Buen Lugar, frente a unas exquisitas y refrescantes jarras de cerveza, valorábamos el día de excursión.
Coincidimos en algo. No había estado mal, para ser nuestra primera salida después de diez años.


Más info:

Primeras improntas fósiles de dragos en Canarias.


Los primeros dragos fósiles. ELPAIS.

Sobre la presencia de Dracaena draco en Gran Canaria.


Caracterización petrográfica de los travertinos aragoníticos 
del Barranco de Azuaje (Gran Canaria).

22. EL BOSQUE AGAZAPADO.

Hoy es un paisaje domesticado.
Cada parcela tiene su nombre y apellido.
Están las de Juan el de Román, la de Félix y sus hijos, la de Eduardo, la “joya” de Mario, la de Neno,...
Todas ellas producen y mutan al ritmo de las estaciones y del esfuerzo humano.
Ciclos productivos que dan papas, millos, tomates, habichuelas, cañas, lagumes, forrajes, eucaliptos..
A su vera se crían pequeños ganados y se multiplican, salvajes, conejos y tórtolas, mirlos y capirotes, cernícalos y ratones..
Pero, también, en medio de esta labor, continua y constante, hay parcelas que ya son del bosque agazapado.
Son criaderos de zarzas y brezos, de laureles y fayas.
Allí ya campan otros nombres. Ya el dueño no está. O no viene. O no puede ya cultivar.
Y el Bosque de Doramas, como los gatos cuando salen de caza, recupera sus viejos instintos de regeneración.
Igual que dentro de cada gato aún existe el alma cazadora del tigre, en cada parcela abandonada crece el fiero deseo del bosque de volver a ocupar, a verdear, a sellar de árboles, de arbustos, hierbas y enredaderas, este paisaje.
Hasta el siglo XV, era su dominio.
Hoy, agazapado, sin prisas, espera de nuevo su oportunidad.
Aquí y allá, pequeños músculos de bosque se ejercitan, estiran y esperan su momento.
Seguro que volverán a ser los dueños, los señores, de estas hoy labradas medianías grancanarias.

20. EL NOGALITO GRANDE.


Es un árbol espectacular.
De catálogo.
Hinca sus raíces en una loma que fue uno de los centros del antiguo Bosque de Doramas.
Soy vecino y les aseguro que en las noches de temporal, el viento, sobre todo el que llega desde allá, de Valleseco, el del sureste, hace aullar sus ramas de tal modo que mi madre, asustada por sus bramidos se despierta varias veces en la noche.
Cuando una rama de este nogalito grande se resquebraja su lamento fuerte y alto se hace oír en el barrio.
Este árbol, plantado a principios del siglo pasado por Dn Chano Corvo en su jardín de las medianías moyenses, es una referencia para mi pueblo.
Grandes discusiones he escuchado en la tienda de Cirilo sobre su altura o los hombres que se necesitan para abrazar su tronco.
El Nogalito Grande lo es, por lo que significa y representa en la memoria pasada y presente de mis vecinos y de los que le visitan, más grande aún por su aureola de mito arbóreo que por las medidas que pueda tener.
Es un símbolo de la Naturaleza de las medianías, aunque algunos lo quieran ver como un perverso y extraño invasor en estas tierras.
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