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lunes, 8 de marzo de 2010

72. Parque Nacional de Taburiente. ¡Ecosistemas, especies, poblaciones, individuos, genes!.


Son laboratorios al aire libre. En este barco de la conservación en Canarias, los parques nacionales avanzan estudiando, caracterizando, creando las bases de una verdadera estrategia para la preservación de la naturaleza. Como en Taburiente.
A la profundidad de La Caldera, se unen la profundización en el conocimiento de los recursos del Parque.
Ecosistemas que se evaluan. Especies que se cartografían. Poblaciones que se estudian genéticamente.
Individuos con pedigrí. Como recientemente se ha realizado con el endemismo de estas cumbres palmeras, Viola palmensis, la violeta de La Palma, de la cual ya conocemos aquellas poblaciones con mayor diversidad genética y que orienta y sienta las bases de la gestión ordenada de su conservación. O de las bencomias del Parque, las cuales se reconocen individualmente, con nombre y apellidos.
Es la convivencia reglada con la Naturaleza. Ya las “mañas” con los recursos naturales no serán sólo patrimonio de agricultores, pescadores, ganaderos,..
También la conservación requiere el desarrollo de sus propias “mañas”, destrezas y habilidades que, en ausencia de tradición, habrá que ir creándolas.
En Taburiente, ya se hace. Ya hay técnicas de investigación en marcha, asegurando para el futuro sus escasos y amenazados recursos naturales.

domingo, 14 de febrero de 2010

60. LA ISLA PENDIENTE.



La Palma es la isla pendiente. Cae de pronto hacia el mar, repleta de vegetación, de casas, de laderas arriba y riscos abajo.
El espacio agrario se confunde entre coladas y pinos con el espacio natural. Por eso, aquí, pocos impactos producen sin embargo mucho ruido ambiental. Machacadoras de lava principalmente. Las infraestructuras sin embargo no se manifiestan. Las nuevas carreteras no producen grandes impactos.
La Gomera, una isla de ensueño, está siempre allá enfrente. Sombra iluminada a esta hora de la mañana entre las nubes que la capotan.
El mar es el referente de la isla y este mar de La Palma asusta.
Está allá abajo, muy cerca, haciéndole cabriolas a las corrientes, apareciendo a veces ardiente y con peces muertos, sinónimo de eventos volcánicos cercanos, terremotos, lavas hirvientes que hace que para los palmeros mirar al mar sea siempre obligatorio.
No está nunca echado. Parece que siempre está expectante. Vigilando a la tierra que consiguió rebasarlo, superarlo. Con ganas de acarrearla de nuevo a sus profundidades. Matando el orgullo de esta tierra levantada hacia las nubes.
El sol se va para América desde aquí.
Viene de las islas de enfrente.
Y La Palma es la proa de este barco archipielágico que es Canarias. Se sabe punta en la travesía. Y ve irse al sol, con mirada enrojecida, retadora, desafiante para con su viaje iniciático, con su viaje de tótem impenetrable.
Por eso, desde el amanecer, La Palma, siempre coqueta, se peina con las nubes sus colinas y laderas verdeantes.
En este Norte insular no hay hueco para otra cosa.
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